Este domingo se ha celebrado en Treviana el tradicional responso en honor de Don Ildefonso San Millán, abogado e hijo de Treviana y que donó parte de su herencia para la creación de unas escuelas. Como cuando murió las escuelas ya tenían sitio en la parte de arriba del ayuntamiento, se decidió invertir el dinero en traer agua desde un manantial de Cellorigo hasta la plaza de Treviana, que en adelante se denominó Plaza Ildefonso San Millán en agradecimiento. Esta fuente ha sido el único suministro de agua para el pueblo desde 1905, año en el que se puso en marcha hasta finales de los años 80, época en la que se realizaron las obras de suministro de agua potable a las casas.

Como la fuente se inauguró el 16 de diciembre de 1905, se sigue realizando un responso en honor del benefactor Ildefonso el domingo más cercano a la fecha. Además la Asociación de Mayores Ildefonso San Millán ha preparado un almuerzo para todo el pueblo con embutido, viandas selectas y vinos locales para celebrar el 119 aniversario, el más especial de todos. ¿Y por qué?

Porque de hace varios años los repetitivos atascos en las tuberías desde Cellorigo han hecho que la fuente estuviera seca y el paso del tiempo y la cal había hecho estragos en la propia fuente. Este otoño se ha restaurado la fuente, la piedra de alrededor y la placa conmemorativa, además de poner un circuito cerrado de agua para que vuelva a correr y a alegrar la plaza. Este domingo se ha puesto oficialmente en marcha el agua y ha llenado de alegría a los trevianeses que tantas visitas han hecho a la fuente “La Flora”, como se le conoce en la localidad.

La fecha en la que la fuente perdió su principal función original no fue finales de los 80, sino finales de los 70. La obra en el casco urbano fue larga; se desarrolló a lo largo de 1978 y probablemente entró en servicio en 1979. Poco tiempo después la mayor parte de las casas pudieron disponer de aseo o cuarto de baño, comodidad de la que habían carecido hasta entonces, salvo en algunas excepciones. Sobre la forma de resolver las prestaciones de aseo había soluciones variadas: el campo, los muradales, las cuadras, inodoro en algunas casas que tenían cerca un tramo de alcantarillado o el río (p.e. las escuelas nuevas inauguradas en 1966), los depósitos de agua (rellenados con cubos transportados desde la plaza) situados en los altos para suministro de algunos grifos: fregadero, algún lavabo o lavamanos, alguna lavadora en los últimos años, e incluso hubo quien montó una ducha en el patio, pero no son muchas las casas con patio; en cualquier caso, el uso de agua estaba bastante limitado ya que la mayor parte de las casas solo podía desaguar directamente a la calle; el lavado de ropa tenía dos alternativas: 1. Las mesas de lavar, que en el buen tiempo se instalaban en todas las calles del pueblo; el agua jabonosa corría libre por la calle siguiendo la pendiente y regando, en parte, la calle pavimentada de tierra y cantos; el agua había que transportarla desde la plaza: todos los niños y niñas teníamos un cuadro, made in “mi abuelo”, para transportar los cubos de dos en dos (unos 20 kg), sin que los cubos te dieran en las piernas, te impidieran andar y, de paso, perdieran el agua por el camino y te empaparan las zapatillas (estas no eran “Skechers”, sino alpargatas, o como mucho “Wambas”, o mejor “las que vendía el Vivo”, modelo único, color rojo o azul); todo ello cuando aún no conocíamos los “gym” ni el levantamiento de pesas; y si eras chico y habías pasado de los 11 años con una correa colgada del cuello y ganchos podías transportar dos cubos más. 2. La segunda alternativa era el lavadero: ¡qué gusto ayudar, en verano, a aclarar la ropa! También algunos niños nos apuntábamos, si no había mucho mirón o mirona, a ayudar a las madres en aquella tarea reservada, por entonces, a las mujeres. A falta de piscina, y con río raquítico, bueno era el lavadero y el pilón de la fuente o abrevaderos (en el pueblo se llama bebedero: había dos en el pueblo y varios más repartidos por el campo) para darse un chapuzón, a medias: tampoco se estilaba en el pueblo el uso de bañadores; esta palabra la descubrí en unas colonias de vacaciones y ¡con playa!… Pero ¿y en invierno, cómo se lavaba? Igual que en verano, pero con menos sol y mucho, muchísimo frío; a veces, llevaban un cubo de agua caliente desde casa, o llevaban la ropa enjabonada para solo tener que aclarar; esta era la labor más complicada de hacer, se necesita una gran cantidad de agua… y esta escaseaba en casa; he oído de otros pueblos en los que las sábanas se guardaban sucias todo el invierno hasta poder lavar con el buen tiempo. También el lavadero era un artefacto complejo: disponía de tres pilones, el primero con agua de la fuente (potable) para enjabonar; este agua procedía del pilón de la plaza, abastecía el bebedero de la carretera de arriba y finalmente llegaba al lavadero; los otros dos pilones usaban agua de la fuente “dura” (el bebedero estaba al borde de la carretera de abajo, adosado a la pared del lavadero, hasta que se trasladó a El Valle; esta misma fuente recogía agua de un manantial situado entre las naves de los “Huevillos” y de Saúl, antes de que ambas se construyeran, y también tenía un pequeño depósito y un caño a la altura del suelo, junto al borde del río; río que, a falta de puentes, se cruzaba sobre piedras, unas donde está el puente actual y otras justo delante del caño que llevaban a la era, entonces de Quiliano, suegro de Saúl); estaban dispuestos en serie, el agua llegaba al segundo y de este pasaba al tercero; cada uno tenía su función, en el segundo se quitaba el jabón y en el tercero se hacía el aclarado final; la ropa limpia se ponía a secar al sol sobre las hierbas que crecían entre el lavadero y el río; un último detalle significativo: he visto lavaderos en muchos pueblos; con frecuencia carecen de techo y están al nivel del suelo: el trabajo debía hacerse a la intemperie y de rodillas, igual que si se iba a lavar al río; en Treviana, los pilones estaban elevados y se trabajaba de pie; el lavadero era un edificio con paredes y techo, solo estaba abierto el lado sur por el que entraba la luz y el sol… tecnología avanzada en comparación con los antes mencionados.